Hé viajado por el mundo,
obligada y por capricho,
pero pueblos como el mío;
puedo decir que no he visto.
Desde la orilla del río,a lo alto del cementerio,
esta enclavado Ademuz;
y rodeado de cerros.
Con perfumes que se notan,
de pinos y los almendros,
tiene bares, tiene tiendas,
y ermitas de mil recuerdos;
tiene carnicerías antiguas,
que todo lo hacen muy bueno.
Por eso yo digo siempre
como mi pueblo no hay otro,
¡ QUE BONITO ES ADEMUZ!
miércoles, 14 de abril de 2010
POEMA EL HERIDO de Miguel Hernandez
Para el muro de un hospital de sangre.
IPor los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadoressalta un trigal de chorros calientes,
extendidosen roncos surtidores.
La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,esencia de las olas.
La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,y florece, y se halla.
Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometidode sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido,
de quien jamás se sienteherido por la vida,
ni en la vida reposaherido alegremente!
Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.
IIPara la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazonesque arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales,
y entro en los algodonescomo en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazosde los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies,
de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura miraday
hará que nuevos brazos y
nuevas piernas crezcanen la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoñor
eliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado,
que retoño:porque aún tengo la vida.
//
IPor los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadoressalta un trigal de chorros calientes,
extendidosen roncos surtidores.
La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,esencia de las olas.
La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,y florece, y se halla.
Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometidode sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido,
de quien jamás se sienteherido por la vida,
ni en la vida reposaherido alegremente!
Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.
IIPara la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazonesque arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales,
y entro en los algodonescomo en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazosde los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies,
de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura miraday
hará que nuevos brazos y
nuevas piernas crezcanen la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoñor
eliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado,
que retoño:porque aún tengo la vida.
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